Me refiero en particular, a la manera de pensar y de interpretar las leyes que tiene el director del Polo Democrático, Carlos Gaviria Díaz, al ser cuestionado por el gobierno con motivo de la aparición de escritos suyos en la pagina Web ANCOL, órgano oficial de comunicación de las FARC.
En el aspecto de forma, Gaviria Díaz puede tener razón, pues su articulo controversial, en el cual las FARC se apoyan, fue publicado hace mas de dos meses en el diario el TIEMPO, y es obvio que no fue escrito de forma exclusiva para ser publicado por ANCOL.
Pero en sus aspectos de fondo, llama la atención el planteamiento que hace el autor, a quien escuchándolo en directo, no deja dudas de que persiste en su argumentación, desechada y rechazada en su momento por todos los miembros de la Corte Constitucional, a excepción precisamente de Carlos Gaviria, quien sostiene la tesis de que asesinar, cometer homicidio en nombre de la sedición subversiva, es un delito político. Además , agregó en su discusión intempestiva con el comisionado de paz Luís Carlos Restrepo, que no es lo mismo matar para enriquecerse, que matar para vivir mejor; y que en consecuencia, lo segundo se justifica.
Ante este esperpento dialéctico, tan solo queda deplorar, que un partido político con la opción de llegar al poder por las vías democráticas, y de gobernar al país dentro de la ley, y de la constitución, tenga como cabeza visible, y como inspirador filosófico, a Carlos Gaviria. Al electo alcalde de Bogotá, por ejemplo, no le conviene continuar prestándole atención para hacerle eco a su dialéctica. Tal vez, e influenciado por ese pensamiento, fue por lo cual respondió que si compraría votos con tal de salvar a Bogota de una eventual mala administración. Como si el fin justificara los medios. A Mockus bastaba responderle que una campaña inteligente y honesta puede poner dos votos limpios por cada voto comprado por el maligno contradictor y por eso no habría necesidad de hacer algo que además va contra la conciencia. Pero pudo más el raciocinio Gavirista, que la razon, y que la lógica honesta.
Pero lo mas deplorable de todos estos episodios, es que a los ciudadanos independientes que votaron a favor de Samuel Moreno, (pues los reales votos del polo en Bogota son menos de cuatrocientos mil) no les importó lo que dijo; mas bien, les gusta. El mismo Mockus, en una encuesta que desarrolló en la capital, encuentra que un alto porcentaje de ciudadanos capitalinos opina que no les importa desobedecer la ley, si esa es la manera de alcanzar sus objetivos.
En este punto, comienza uno como ciudadano a preocuparse por la suerte del país. ¿En donde están los principios del respeto por las normas que deben regir la sociedad, la moral, y la ética? hasta donde es verdad que vivimos en un país de gente respetuosa de las leyes? O al decir de un ya fallecido presidente de Colombia, ¿es verdad que somos un país de cafres? De ser así, que entre el diablo y escoja.











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